Así nos ve, Isabel Martí:

Para muchos de nosotros la única fotografía que tenemos de nuestros antepasados es una foto de boda. Eso nos da una idea de la importancia que, desde los primeros días de la fotografía, tiene un enlace. Claro que muchas de esas fotografías son tan idénticas que hasta el ramo de la novia parece el mismo (quizá lo fuera) y sólo cambian las caras. Y aunque es cierto que la necesidad de inmortalizar ese día no ha cambiado, por suerte, la forma de hacerlo ya no es la misma.

Si Jordi Carrillo hubiera fotografiado a nuestras abuelas el día de su boda sabríamos muchas más cosas de ellas. Sabríamos, por ejemplo, quiénes eran sus amigas, los parientes con los que tenían más confianza, su expresión cuando no sabían que alguien las estaba fotografiando… No tendríamos a una pareja mostrando para la foto cuánto se quieren. Tendríamos a un fotógrafo capaz de revelar en los detalles más simples la complicidad que une a dos personas.

Porque cuando Jordi Carrillo hace las fotos de vuestra boda, vosotros no tenéis que preocuparos de nada más que de disfrutar de un día espacial con los vuestros y de ser vosotros mismos. Porque cada pareja es única y los momentos mágicos de cada celebración son diferentes. Esa es la razón por la que Jordi no sabe de antemano dónde está “la foto”. Jordi escucha y observa. Porque es consciente de que “la foto” puede llegar en el momento más insospechado.

Y, no lo dudéis, su objetivo estará allí: cuando tu padre te arregle la corbata, cuando tu madre te manche la mejilla de carmín con un beso que no ha podido evitar, cuando llore una amiga mientras te mira, cuando los amigos estén tramando alguna gamberrada para divertiros, cuando os cojáis de la mano en un momento en que creéis que nadie os está mirando… Jordi estará ahí. Para que toda esa información atraviese el tiempo y llegue intacta a manos de los que vendrán, que gracias a esas fotos sabrán quiénes erais y la singular historia de vuestro amor.